Traté de asomarme al papel en blanco de noche. Lo manché de letras. A través de las líneas creé recuerdos inventados.
-Bébete tu café – decías de pie. Decías sentada. Decías por la ventana. Pude ponerte dónde quise porque no estabas. Siquiera dijiste eso. Tú nunca me animaste a beber más café porque no te di la oportunidad. Fin del cuento.
Y te enseño mi hoja con su historia inventada. Te sorprendes de estar en tantos sitios. Te sorprendes al ver que la blancura inmaculada de un folio ahora son mis palabras. Te sorprendes porque lo que está escrito antes no era nada, y ahora es. Aunque sea ser mentira. Porque una mentira existe, y antes de eso está el no ser, y eso es aún menos que nada.
- No entiendo lo que escribes. No entiendo tu humor. No entiendo la risa de mis labios. No entiendo el sonido de tu voz – dices. Pero eso es falso. Porque no lo has dicho. Yo lo he escrito.
Y miro la hora. Y siento sueño. Y me invento que te preguntas cosas. Y entre esas cosas, una soy yo.