Podría agarrar lo intangible. Mentar lo reciproco y oír como me llamas tonto.
Conté los días desde que el Corazón Helado voló de mis manos en busca del suelo. Más de 150 días de tus ojos marrones que parecen años. De tu pelo salvaje, de como me gustaba cuando recién te levantabas. Del olor de la habitación después de haber dormido. Mi corazón se ha inventado el hueco de que nunca ocupaste mi cama. El mismo, languidece ignorante porque aún no sabe que ya no habrá lugar a que te levantes antes que él para encontrarme el desayuno hecho. Que el secreto de mi ahínco por tener el carnet fue llevarte a ti en coche, por muy útil que me sea partir de ahora para mis cosas.
Oigo que dices que siempre parece igual cuando se pierde de esta manera. Nunca es igual. No para mi ahora que te conocí.